En un lugar de la Mancha llamado Almagro, el tiempo parece haberse quedado detenido. Al sur de la provincia de Ciudad Real los paisajes son amenos, luminosos, infinitos. En estas planicies se asientan ciudades de tanta enjundia como Almagro, la joya de una corona que bordan otros pueblitos del Campo de Calatrava. El sur de la Mancha esta plagado de cepas, desde tiempo inmemorial el hombre ha cultivado la vid y ha levantado fortalezas y palacios suntuosos. Aquí tuvo su sede la Orden De Calatrava, la más antigua de las cofradías militares españolas. Hoy no existe un buen aficionado al vino que no tenga en su bodega alguno de los muchos caldos que se elaboran por estos pagos.
Almagro es sin duda una de las ciudades más hermosas y originales de Castilla. Todo empezó cuando un nutrido grupo de monjes cistercienses fundó la Orden De Calatrava. Corría el siglo XII cuando se creó una cofradía militar cuyo mayor empeño estaba en proteger los intereses cristianos en una tierra fronteriza donde los asedios de las huestes musulmanas eran habituales. Fue así como se erijió el Castillo de Calatrava La Vieja, hoy un esqueleto de ruinas en el término municipal de Carrión. Comenzando el siglo XVIII los caballeros calatravos trasladaron sus armas a la fortaleza de Calatrava la Nueva, en Calzada. Pero habrá que esperar hasta mediados de aquel siglo para ubicar el maestrazgo en Almagro. De aquel tiempo Almagro cobró señorío y grandeza. La Plaza Mayor figura en el catálogo de las más equilibradas y bellas de España. Los Függer, una familia de banqueros, fueron los inspiradores de tan singular obra pública. A ellos se debe el empuje que Almagro cobró a principios del siglo XVI. Tan ínclito apellido flamenco estuvo estrechamente ligado a las campañas militares del emperador Carlos I de España y V de Alemania. Entre otras cosas los Függer fueron los explotadores de las minas de mercurio de Almadén. A cambio, costearon muchas de las batallas del nieto de los Reyes Católicos.
La Plaza Mayor fue concebida en un principio como Plaza de Armas. Pero la historia le deparó un destino más amable. El recinto está hoy rodeado por soportales. Por encima de ellos se alzan dos luminosas galerías acristaladas por ventanas y balconadas pintadas de color verde. A uno de los lados de la plaza se erige el ayuntamiento.
Uno de los callejones que flanquea la plaza da acceso al Museo Nacional del Teatro. Frente a él se sitúa el famoso Corral de Comedias. Declarado Monumento Nacional en 1955, el Corral de Comedias es el único ejemplo que en Europa queda de los primitvos teatros seiscentistas. Sobre sus tablas se han representado los más conocidos dramas y comedias del Siglo de Oro Español. Cada sábado un grupo local, sigue manteniendo viva la mecha del teatro clásico español.
Pero la grandeza de Almagro se refleja en otros muchos monumentos diseminados por el ordenado callejero de la ciudad. El Convento de la Asunción de Calatrava fue mandado construir a principios del siglo XVI por un comendador de la orden. La ermita de San Francisco y el Convento de Santa Catalina son uno de los mejores Paradores de Turismo. La Iglesia de San Agustín ( muy cerca de la Plaza Mayor ) o los almacenes de los Fúcares, son otros edificios notables de Almagro.
Desde Almagro nos dirigimos por carretera a Calzada de Calatrava, lugar en el que nació el famoso director de cine, Pedro Almodóvar. A las afueras del pueblo se erige el soberbio castillo de Calatrava La Nueva. Levantado en 1217, conserva aún dos plazas de armas y una sólida torre del homenaje desde la que se contempla una de las mejores vistas del campo calatravo. Proseguimos nuestro viaje hacia Viso del Marqués, que no pasaría de ser un pueblo más perdido en la inmensidad del mapa sino fuera porque cobija el Archivo y Museo Naval de la Marina Española. En su casco antiguo podemos además encontrar el Palacio del Marqués de Santa Cruz, donde descansan los restos mortales de Don Álvaro de Bazán, almirante de la Marina y vencedeor de la batalla de Lepanto. Por último nos dirigios a Valdepeñas, la capital del vino manchego, donde visitamos algunas de las bodegas más antiguas ubicacadas en el mismo centro urbano. Regresamos a Madrid, no sin antes comprar un enorme queso Manchego y unas botellas de vino de la tierra.

